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jueves, 17 de agosto de 2017

Hay días




Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.

Justo hoy la mañana parece más silenciosa que de costumbre, Placebo suena en la radio y la envuelve en sus melodías llenas de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella mira el reloj y entretiene las horas con esto y lo otro.  Ensimismada en algunos momentos pasa los dedos por su boca, descubre las ganas que tiene de verle llegar.  Se sienta en la mesa de la entrada, con ese vestido. Mira la puerta, sabe que aún tardará en llegar pero mira la puerta como la gata que espera a  su amo. Lo piensa llegando, abriendo la puerta, descubriéndola allí sonriendo.  Cerrará la puerta y le preguntará que hace allí y ella le dirá que esperándole. Él se acercará a ella y le dirá alguna de esas cosas suyas, le abrazará y ella le abrazará con sus piernas.  La cogerá en brazos a horcajadas aún sabiendo que no llegará al dormitorio, - con los años ya no es el que era-, pero lo intenta, en el pasillo se le escurrirá,  descalza dará saltitos hacia el dormitorio,  él la agarrará,  la capturará entre los cuadros Tibetanos, descubrirá sus ojos llenos de brillo, de ganas, de risas, está llena de risas.  Ella no le dará tregua y le besará, él recordará en ese instante cada uno de esos momentos que le hizo sonreír, reír a carcajadas.  Cuando separen sus labios él la mirará, ahí estará ella con su corazón latiendo con fuerza, su amplia sonrisa y ese brillo en esa mirada tan llena de colores.  Ella se escurre, él la sujeta, ella se ríe.  
No llegarán al dormitorio, hay días que no da para otra cosa.

La mañana transcurrió despacito, llena de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella estaba  sentada en la mesa de la entrada cuando él abrió la puerta. Él la vio allí esperándole, como una gata con cascabel. Sonríe.  Ella le sonríe...


Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.




miércoles, 16 de agosto de 2017

Tantas cosas



Aquella noche tenía tantas ganas de verte, de hablar contigo, de abrazarte, de lo que fuera, pero contigo; créeme, estaba tan estancada, que necesitaba por lo menos escuchar tu voz, vivir contigo la madrugada, en verdad, quería volver sentirme mariposa. Me puse a leer nuestras cosas y le di tantas vueltas a todo. Pensaba en qué clase de persona era para ti, tal vez tú necesitabas de alguien mucho mejor que yo, alguien con una capacidad de amor superior, en fin, tantas vueltas diste en mi cabeza.
Me coloqué frente al espejo y sin quitar la vista a mi mirada clavada en horizontes  y espejismos inalcanzables,  respiré hondo mientras observaba detenidamente mi rumbo,  en ese momento pasaron por mi mente tantas cosas, me senté en el jardín en las primeras horas del día;  poco a poco comenzó a desplegarse una pequeña sonrisa, rubor en mis mejillas, inevitables y silenciosas sensaciones.

Después de un rato observé el reloj. Ya,  sintiéndome mariposa, con los viejos recuerdos de oruga convertidos en polvo,  fatigada de tanto caminar, por fin recorrí el último tramo, me tumbé en la cama, cerré los ojos; me sonríes y yo te doy un beso en la frente.