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jueves, 19 de abril de 2018

Tiempo


La paradoja del tiempo y el espacio. Con los años me he dado cuenta que el tiempo es  relativo.  Puedo confirmar la teoría especial de la relatividad de Einstein. Si amig@s, todo el movimiento del universo es relativo, porque en el espacio remoto no hay nada contra lo cual se pueda medir.  Igualmente pienso que Eisntein a parte de ser un genio debería de estar enamorado.

-Él sonrió al escucharla-

No te rías. Las manecillas del reloj no llevan el mismo ritmo cuando estoy en laberinto o en mandala. Y no me preguntes que lugares son esos, da igual, son lugares  del mismo universo que Sildavia. Miro el reloj constantemente y las manecillas parecen tener la pereza de los ratos de siesta sureña. Sin embargo, cuando estoy en tu mundo todo va a un buen ritmo, a veces demasiado rápido, intento frenar las manecillas haciendo cosas aburridas, pero nada es aburrido cuando se está bajo ese influjo.  El amor no solo acelera las pulsaciones del corazón y cambia la percepción  de la luz del mundo, también modifica el tiempo. Cuando miro a Eisntein siempre lo pienso, a parte de ser un genio debería de estar enamorado.
Si alguno de vosotros está bajo el influjo de lo mas bonito y poderoso del mundo podréis entender la teoría especial de la relatividad de Einstein.  El tiempo es relativo.  Todo el movimiento del universo es relativo, porque en el espacio remoto no hay nada contra lo cual se pueda medir.  Y yo aquí os digo sin tener miedo a equivocarme  que esa medida sin duda es el amor,  quizás a Einstein le dio pudor confirmarlo, pero a mi no.








lunes, 16 de abril de 2018

CalienTe





Me pregunto si hay muchos como yo.  Imagino que si, pero es algo que no se suele comentar, incluso creo que es una conversación rebuscada, pero aún así, joder, en ocasiones me siento tan incomprendida.

Soy amante de lo caliente. No penséis  en eso.  Soy amante de las duchas calentitas, con agua bien caliente. Imagino que viene a ser un efecto secundario al frío que suelo tener siempre.  El agua caliente me reconforta, me calienta la piel y mis huesos agotados de tanta batalla.

Y este gesto tan sencillo como parece, se convierte en mi pesadilla.  Porque cuando se convive con personas que odian (al parecer) el agua caliente, descubres en no pocas ocasiones que el agua está fría en plena ducha, helada, nada de templada como ellos dicen, cuando ese agua cae  sobre mi piel siento como si me duchase en el chorro de la fuente del pueblo.  Tengo que anunciar, a gritos para que alguien me escuche que regulen otra vez el termo de agua, o cambien la bombona de butano, mientras, permanezco en la ducha, helada, petrificada del frío, a medio enjabonar, o con el pelo aún por aclarar.  

Ay dios, soy una de esas personas incomprendidas, amante de las duchas calientes, y como no, de las duchas compartidas, porque el planeta y la economía lo agradece.   A veces en ese impasse de espera, muerta de frío y enjabonada pienso en esas duchas a la temperatura perfecta, perfectas.  Y después de sonreír, deseo volver a ellas.