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domingo, 10 de diciembre de 2017

Rana




Erase un niño con un padre borracho. Erase un niño cansado de porrazos, golpes, gritos y escondites.  Escondites donde leía durante horas para que ese padre no lo encontrara. Y fue ahí donde leyó un libro de esos de Remedios caseros de tía Enriqueta,  Radicar problemas con el alcohol - Ese era el título de aquél capítulo-.  Lo leyó atentamente.  Indicaba paso a paso todo lo que había que hacer.  Parecía sencillo.


Cogió la rana en su colegio, sabía bien  donde estaban, más de un día había cogido alguna para  meterla dentro de la mochila de Ana, la niña mas bonita del colegio. Le gustaba verla gritar y escuchar como pronunciaba su nombre asustada para que quitara aquel "repugnante bicho"  de su mochila de princesas.

Camino a la escuela gastó la paga semanal en una botella de vino, metió la pequeña rana y la mantuvo allí dentro todo un día.  Cambió el vino a otra botella y tiró la que contenía la rana ahogada en vino.

A la hora justa puso el vino en la mesa y su padre no lo dudó, comenzó a beber. Se lo bebió todo. Cantó y durmió  varias horas.

Al día siguiente, a la hora de costumbre el padre colocó su botella de vino y comenzó a beber, ese día el vino le sentaba mal.  Le dolía el estómago, no estaba muy católico. Vomitó y y se acostó con mal cuerpo.  Al otro día a la hora de costumbre colocó su botella y le dio un trago  con desgana, hoy tampoco estaba mejor.   Al siguiente colocó la botella de vino. El olor le producía nauseas.  Después de algún tiempo dejó de intentarlo. El vino ya no era bienvenido en aquel cuerpo delgado y borrachín.


La Rana no había muerto en vano.  Con su muerte había regalado una nueva vida a un hombre ahogado en vino hasta aquel día y sobre todo la paz a una  esposa cansada y aquel niño olvidó los escondites y como no, mantuvo en secreto que había matado a una rana para salvar a su familia.







jueves, 7 de diciembre de 2017

Entre cena y desayuno




Había llegado a casa un poco mas temprano de lo habitual, con prisas, abrió la puerta como un rayo, dejó el bolso en mitad del pasillo y entró al baño presurosa a hacer pis.  Wow por los pelos. - pensó aliviada sentada en la taza del váter-.   Suspiró y se quitó los zapatos.  Fue a por el bolso y lo dejó en su dormitorio. Se recogió el pelo, le apetecía darse una ducha pero antes fue al salón a poner un poco de música, odiaba el silencio en casa.   Se quitó el abrigo, las medias tupidas invernales y desabrochó los botones de su vestido, justo en el momento que comenzaba su canción favorita y cuando se comenzó a desnudar, se dio cuenta de que estaba siendo observada.

Él estaba allí sentado  en uno de los taburetes de la isla en uno de los frontales del salón, con el pc encendido y los auriculares puestos.  La miraba inmóvil justo en ese instante en que el vestido iba a caer.

Ella recordó entonces que habían quedado para hablar de lo suyo, de su relación dormida por no decir muerta. Que le había dado permiso para  utilizar la llave de casa, ponerse cómodo y esperarla hasta que volviera del trabajo.   Había estado días entero pensando en qué decirle, pero  ese día había sido un día  de locos, no había pensado en ello, de echo, lo había olvidado.  Él suspiró y se mordió los labios.  Sigue.- dijo con una voz seria y cargado de deseo- 
Ella se quedó inmóvil, olvidaba lentamente todo el desenfreno del día.  Hizo el amago de dejar caer el vestido.   
Espera. - pidió en el último momento el hombre desde la penumbra solo iluminado por la luz del portátil-   Abróchate el  vestido y quítate las bragas.  Ella lo hizo.  

Él le pidió que se acercara y ella le dijo que fuera él quien fuera a ella. 

El hombre se acercó, cerca, muy cerca, piel con piel.  ¿Lo sientes? Dijo él.  Ella asintió con la cabeza. Se quedaron en silencio mientras se descubrieron en un abrazo.

- Bueno, ¿Qué haremos. Qué va a pasar con lo nuestro?

-  Ahora no lo sé cariño, mañana en el desayuno lo hablamos.  Dijo mientras la miraba a la vez que sus dedos llegaban a los jardines de las delicias.